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El Rincón del Tesoro

Un recoveco de mi alma

domingo 14 de diciembre de 2008

En el rincón de los sueños

Pesadillas, imágenes oscuras,
ambientes sombríos,
y mucho, mucho,
sabor amargo.
¿será porque la luna está más llena que nunca en mi vida?
No sé.
Pero cuando estos sueños son así de impactantes, 
de extrema dureza, 
me avisan, me previenen de lo inevitable.
Joder, inevitable, que no se puede parar por mucho que quiera,
aunque actúe e intente evitar...
de ahí la palabra. 
Aunque varíe las fórmulas, igual, sigue la misma impresión subjetiva.
El mismo callejón sin salida,
atrapado, en otra pared, 
y en la misma. 
Y me creo que es el destino, 
cuando es el devenir eterno,
una réplica de las vidas que han pasado y pasarán.
Guerra con espada aguda dónde no hay vencedor
y sólo vencidos.
Ni viento de agua ni leches, 
brisa helada tal vez,
y el subconsciente que se revuelve y aflora por dónde puede.
Podrán pasar años y vuelta al mismo paseo,
aquel que daba a una calle soleada, frente a un puesto callejero,
dónde no encontraba,
no hallaba el éxito de mi misión. 
Por más que insistía, aunque me esforzara.
Después, años más tarde encontraba la gloria, 
conquistaba metas, me resarcía de los fracasos.
Y aunque ahora, el corazón está en una cuerda floja,
caminando sin luz, será otra vez así.

Se quedará una marca, una herida que se coserá lentamente, 
y a veces costará mantenerla cerrada,
y aunque sangre, 
tendré que curarla,
lamerla y chuparla.
Cualquier cosa hasta que se cicatrice,
pero ahi seguirá la depresión en la piel,
rompiendo la inocencia, la juventud, la perfección que fui.
Sé que con los años se borrará, 
la piel nueva triunfará y limpiará 
las hendiduras que me deja la realidad.

¿es la realidad? ¿o mi visión de la misma?
Hoy pensaba que me recordarán por lo que digo, 
no por mi silencio.
Me he empezado a soltar con las palabras otra vez.
Te he enterrado y te he perdido para volver a encontrarte.
Ni dioses, ni ayuda, sólo necesito escribirme, 
como si paso mucho tiempo justificándome,
desgastándolo. Pudriéndome.

Hasta qué punto podré elevarme con la energía que tengo, 
no lo sé. Sólo conozco el punto en el que me encuentro,
y no sé si es alto o bajo, porque no tengo la razón absoluta
en relación a la altura y la medida. 
Pero por lo que reconozco, estoy en un medio camino,
una intersección, un cruce de caminos, que como de costumbre, 
no tengo ni idea a dónde me lleva. 

De dónde vengo más o menos tengo certeza,
pero tampoco recuerdo muy bien cómo es el aire del lugar que me vió nacer. 
Porque todo aquello que fui, está muy lejos, 
y no hay posibilidad de recuperarlo.
Sólo los recuerdos, y alguna foto vieja, 
descolorida por el tiempo, 
antes de un viaje, me vislumbran un poco,
a qué huele la tierra que me trajo al mundo.

Ahora viene un vendaval de proyecciones inconclusas que no puedo entender,
que me desconciertan y me apagan.

Cobarde, me digo, por no darme el valor que quiero darme,
por no alcanzar aquello que tienes en la mano,
creyendo que es estéril.

Me planteo si realmente doy lo que recibo.
A veces al revés, si recibo lo que entrego.
Me hago un lío,
porque confundo las colinas con montañas,
y los días tristes, con jornadas alegres.

Chillo en busca de aquello que noto que me diferencia,
aunque a veces me veo igual que el mundo. 
Pero imagino que pudiera ser único,
más que irrepetible.
¿será el frío? ¿ocurrirá que no lo aguanto?
¿que me retuerce y me mueve el culo en busca de calor?

Me pregunto porqué he visto en mis sueños el futuro,
y por qué nunca lo puedo cambiar,
ni hacer nada por esquivarlo.

Y mi respiración se escucha ahora a kilómetros de distancia,
haciendo resonar el viento, quizás algún oído y un corazón.
Escribo con el placer que proviene de la expresión del alma, 
con el hambre de palabras que me pide la mente,
del actuar ante mi mismo que me exige el mundo,
del fuego que me produce el plasmar y decir algo a mi mismo.
A poder leerlo mañana para acordarme del estado que me encuentro,
y recordarlo como si fuera ese día.
Recopilando la experiencia subjetiva,
y aunque debería hacerlo siempre, 
sólo lo hago cuando necesito ayuda para solucionar un problema,
o un dilema. 

Y cuando sale un recuerdo en un escenario, frente a un foco, 
actuando, a veces hablando y otras veces no,
casi desnudo, mostrando al público lo que soy,
y me aplaude, me admira y me aprueba,
es cuando me siento yo.

Escuchando ópera también me siento.
Las emociones rondan por mi interior como si estuviera allí.
Otra vez nos encontramos con la música,
la más bella de las artes, a la cual no puedo conquistar,
más que con constancia,
porque oído no tengo, 
sólo el justo para amarla. 

Aquellas notas con las que me he criado no me abandonan,
me siguen aunque yo no quiera, 
dominan mi existencia,
domando el animal que llevo dentro. 
Ese al que no se le pueden poner ni correas ni collares
porque es salvaje del todo,
que sólo la música lo templa.

Me gusta el sonido de la viola y el violín cantar,
en la pieza más triste de Mozart,
quizá la más tormentosa de la historia de la música.
Escuchar como convergen los sonidos
y hablan de cosas nunca escritas,
aunque a veces sea capaz de describir.

Me pongo en lo peor, porque es la mejor manera, pienso, 
de afrontar estos choques de sentimientos y subjetividades.
Porque amar lo que soy es bien difícil,
soy tantas cosas y tan pocas...

¿que se te está ocurriendo ahora?
¿huir?
¿dar palos de ciego?
¿agarrar y correr?
¿7 días?

Los gatos. Cielo y Tierra. Me acompañan. Están junto a mi,
sabiendo que me pasa, que siento, ellos conocen siempre mi estado de ánimo. 
Y me trasmiten su energía, me echan una pata siempre que pueden. 
Yo los cuido, les doy de comer, les limpio la mierda, les pongo agua. Juego con el cordelito.
Me apoyan en todo, aunque esté equivocado,
no me critican, aceptan mis decisiones por muy descabelladas que sean.
Sólo quieren estar conmigo.
Me echan de menos cuando no estoy.
Lloran cuando se acuerdan de mi,
me buscan.
Y no porque les ponga de comer, 
sino porque yo les enseñé a compartir, 
a vivir, a querer, y ellos a mi.
Somos uno, hablamos el mismo idioma, 
el del afecto, el de convivir como podamos.
Aunque, en teoría, ellos tengan menos tiempo que yo.
A pesar de que ellos no lo sepan y yo sí,
previsiblemente, reventarán antes que yo.
Los quiero, los amo, tanto como el hijo que no tuve.

Me sigue pesando el ... no lo quiero escribir...
quiero tener un hijo o una hija, me lo pide el cuerpo y el alma. 
Quiero convertirme en padre.
Y aunque me cueste reconocerlo, 
las mujeres sólo me lo han puesto difícil.
Unas veces, esperate, otras no es la correcta madre.
Y el que espera desespera.
Las que querían ya, eran nefastas madres,
y las que yo quería, no se deciden, 
o no lo desean. 
Joer, chico, no has tenido suerte.
Y aunque sé que la tengo no he tenido tanta. 
Me gustaría tener un poco más.
Porque se me escapa la vida, el tiempo para tenerlo,
para concebirlo, a cada minuto que pasa,
siento que lo tendré más difícil.

Creo que no descansaré hasta ver realizado mi deseo.
Y creo que no escatimaré esfuerzos hasta conseguirlo,
porque cuando ella me dijo que no lo quería,
fué como si hubiera hecho la mejor función de mi vida, casi sin querer,
y que el patio no aplaudiera.

Agua que corre un minuto antes de que yo lo haga.




sábado 11 de octubre de 2008

El fondo

He viajado más rápido que la luz,
he conocido el estar arriba y abajo,
encima y debajo,
como si de un niño se tratara.

Y me siento hastiado, arrugado y
delgado, contagiado del pesimismo y
los malos pensamientos.

Quiero salir y no sé cómo,
salgo corriendo y me estampo contra la pared.
Me hago más daño aún.

Me atrapa en su tela de araña
una y otra vez, me castiga,
me complace, me vuelve a decepcionar,
olvido, perdono, y dudo.

Proyecto mis oscuras sensaciones,
creadas desde lo vivido, hacia fuera,
porque me las metieron dentro,
injustamente, valiéndose de la ignorancia
y la ingenuidad.

Y me gustaría gritar libertad,
soltar amarras y conquistar un mundo nuevo,
fresco y radiante.

miércoles 27 de agosto de 2008

Apuesta riesgosa

A pesar de la tormenta,
e incluso con cantos de sirena,
he tomado el camino que me lleva al monte,
bien arriba, 
desde dónde se puede contemplar el atardecer,
y el ser.
He renunciado por desidia a los deberes,
a los compromisos, a lo establecido,
al recto sendero, al futuro seguro,
para de nuevo pasar por arenas movedizas,
sin ninguna seguridad de sobrevivir.
Para qué, me pregunto en bajito,
¿será el hastío o el frío?

Ya no quiero jardines de rosas de plástico,
ni promesas que no valen nada,
quiero una dosis de realidad,
de sueños despiertos,
amor auténtico, genuino,
de ese que no se pudre,
que no se hincha,
el que no está lleno de aire y ceniza.

Y mientras esté quieto,
nada de esto va suceder,
tengo que correr, saltar, 
subirme a los árboles,
oler las flores,
devorar la fruta,
tomar la rosa del día,
beber de una fuente,
alimentarme de la luz del amanecer,
y saber que hoy es otro día,
diferente.

Billie Holiday - Body and Soul


domingo 24 de agosto de 2008

Cocinando

Como lo que está arriba, está abajo,
tiro las cartas al suelo,
y escribo una pasión desaforada,
tremenda, perturbadora.
Cuando seca la tinta,
veo que esas palabras son tan caóticas,
que se pierden entre los corazones
y los miedos infantiles.
Entonces las encuaderno, 
tratando de mutilar lo menos posible.
Después le pongo música,
tiño las notas de un color 
preferible invisible,
y con la pluma dirijo la orquesta.
Luego cierro el cuaderno,
y lo pongo al sol.
Más tarde lo encierro, 
y hasta que no vuelva a llamarme no acudo.


viernes 22 de agosto de 2008

La hora baja

Me he perdido entre la niebla de mi mismo,
nunca pretendí ser demasiado triste 
ni tampoco hundirme.

Han estado cambiando las palabras,
revolviéndolo,
haciéndolo más deprimente,
y lo estoy perdiendo todo.

No escucho ninguna voz,
porque ninguna dura hasta el final,
se pierden por cualquier razón.

Me despierto con la luna,
habla alto y me vuelve loco,
y no puedo escapar,
me han hecho daño,
y tengo mis pies hundidos.
Vuelve, y sálvame otra vez.

Y si no lo vas a hacer,
déjame escucharlo
porque prefiero arder
a oscurecerme.

Wolfgang Amadeus Mozart, 2º Movimiento de la sinfonía Concertante, en Mib Mayor KV364

Amor Animal

Una perra salva a un bebé recién nacido abandonado por su madre humana, en La Plata (Argentina)

Para quien piense que el humano es el único que tiene alma


Llegar

Descubrir entre piedras
y paja
una llave que abre
solo una puerta
Guardar como un tesoro
la que lo abre todo
Alcanzar
la salida
fuera de la penumbra
con la claridad del sabio
la confusión del ignorante
y la ilusión del amante
Decir
que 
si
a
vivir

Aparecer como el desaparecido
llegar hondo como  una fosa
Soñar para despertar
presuroso
por si no llega 
para escribirlo
y recordarlo


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